EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA.
FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA, ofm
Recobrar el ánimo
27 noviembre 2025
Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,20-28)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que entonces está cerca su destrucción.
Entonces los que estén en Judea, que huyan
a los montes; los que estén en medio de Jerusalén, que se alejen; los que estén
en los campos, que no entren en ella; porque estos son “días de venganza” para
que se cumpla todo lo que está escrito.
¡Ay de las que estén encintas o
criando en aquellos días!
Porque habrá una gran calamidad en esta
tierra y un castigo para este pueblo.
“Caerán a filo de espada”, los
llevarán cautivos “a todas las naciones”, y “Jerusalén será pisoteada por
gentiles”, hasta que alcancen su plenitud los tiempos de los gentiles.
Habrá signos en el sol y la luna y las
estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo
del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante
lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán
sacudidas.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en
una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto,
levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».
Palabra del Señor
Tu vida, tu casa, los que más quieres, “tu Jerusalén”, puede estar cercada por ejércitos y amenazada por la desolación. Puede que te sorprendan señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las consecuencias de las guerras y catástrofes naturales y otras cosas que vendrán sobre el mundo; puede que las fuerzas de los cielos sean sacudidas… en fin... ¿habrá un miedo mayor? Pues si.
A lo que hemos de temer es a no vernos sorprendidos por la sacudida del
corazón que ha perdido sensibilidad para descubrir la bondad y la fidelidad del
Señor.
San Lucas nos pide cobrar ánimo y levantar la cabeza ante aquello que nos trae
liberación. Es posible el adormecimiento del corazón deslumbrado con tanta luz
que nos obliga a consumir, y puede ser que la verdadera estrella -no de neón-
pase por nuestro cielo y pase desapercibida. No vendría nada mal en esos
momentos una sacudida de nuestro cielo.
Habrá signos en el cielo y en la tierra. Los derrotistas y los orgullosos tendrán que bajar la cabeza. Se les dará un signo: un niño en un pesebre, un condenado colgado de un patíbulo, pero también unos ángeles en el cielo que cantan la gloria de Dios y el sepulcro vacío que anuncia la irrupción de una vida nueva.
La justicia y la paz tendrán la última palabra, ya que los pobres resistirán hasta la llegada de la promesa. Nuestro recinto se rompen, las incertidumbres de nuestro tiempo los van desmantelando. Pero nosotros no seremos nunca como los que carecen de esperanza. Porque con nuestra madre, la Iglesia encinta, creemos que ya está construyéndose con nuestra vigilancia en la Ciudad nueva, la Ciudad de la paz.
¡Paz para los hombres y gloria Dios, nuestro redentor!
¡Paz y Bien!

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