Reflexión del Evangelio del día
Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo
23 de enero de 2026
Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 13-19
En aquel tiempo, Jesús, mientras subía al monte, llamó a los que quiso, y se fueron con él.
E instituyó a doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios.
Simón, a quien puso el nombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó.
Palabra de Dios
“No alargaré mi mano contra el ungido del Señor”
En la primera lectura escuchamos un relato que puede captar fácilmente la atención de todos, y que nos presenta una de las múltiples escaramuzas que enfrentan a Saúl y David. En este caso, hasta con un toque de humor y un momentáneo “final feliz”.
David y Saúl tenían más motivos para sentirse cercanos que enemigos. Querían que su pueblo tuviera un rey, como los pueblos que los rodeaban, y debían luchar contra otros para hacerse con un territorio que pudieran considerar suyo.
Sin embargo su relación se envenena, la confianza se rompe, la sospecha y las sombras son lo que queda de su amistad. La ambición, el poder, la necesidad de estar por encima… tan frecuentes en la vida del ser humano, les han conducido a un callejón sin salida, en el que no había lugar para la reflexión serena, el diálogo, la negociación, los acuerdos.
Esta realidad, tan presente a lo largo de toda la historia, y tan actual en estos momentos, convierte al ser humano en criterio último de su realidad, en juez y parte, de tal modo que -una vez identificado a su manera el problema o el objetivo- es él el llamado a tomar la decisión que le parezca más conveniente, sin que nadie pueda ponerle límites o freno.
Hace unos 3.000 años la solución al problema era “sencilla” y evidente: eliminar al “enemigo”. Ahora, sorprendentemente, también lo es en algunos lugares.
A David aún le queda la conciencia de que hay algo, más allá de su deseo, que no le permite matar a Saúl. La voluntad del Señor, que ha ungido a Saúl como rey. Sólo eso evita la muerte de Saúl, y les permite hablar, explicarse, reencontrarse…
Desde entonces parecería que hemos avanzado mucho. Que la humanidad, globalmente, acepta que cada uno no puede decidir sobre la vida y la muerte de los otros… ¿A qué altura del camino nos encontramos, en ese proceso de reconocimiento de la vida de los otros?
“Para que estuvieran con él”
El evangelio de hoy es un corto relato, en el que podemos tener la impresión de que Marcos no hace otra cosa que contarnos de manera muy escueta la elección de los Doce.
Tanto que, la mayor parte de lo que hoy escuchamos es la lista de nombres de los que serán los doce apóstoles de Jesús.
Sin embargo, es muy importante que fijemos nuestra atención en las dos primeras frases del relato, que encierran un mensaje fundamental.
“Llamó a los que quiso, y se fueron con Él”
Jesús llama, no impone. Parece evidente en los evangelios que tenía una capacidad de atracción muy considerable, podríamos decir de seducción en el mejor sentido de la palabra. Pero no fuerza a las personas, no manipula. Necesita la decisión libre del ser humano para acogerle, aceptarle… regalándonos, así, la posibilidad de “elegirle” nosotros también.
El texto lo dice con una expresión bien sencilla: “y se fueron con él”. Se diría que no basta con que a uno lo llamen, hay que querer irse con él…
Dada la composición de la frase evangélica, nos puede ocurrir que pensemos que a algunos los quiere llamar y a otros no. Y es evidente que el Jesús histórico no pudo llamar a todos, pero el mensaje que transmiten los evangelios, escritos desde la fe postpascual, no deja lugar a ninguna duda: Todos podemos sabernos incluidos en esa llamada y todos tenemos la libertad y la responsabilidad de responder a ella.
“E instituyó a doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios”
Los llamados por Jesús, mientras subía al monte (lugar de revelación y encuentro) no sabemos cuántos fueron. Sí hay doce entre ellos que van a representar a las doce tribus del antiguo Israel, escenificando de algún modo la Nueva Alianza, la creación de un pueblo nuevo, que en la “mente” del Dios de Jesús ya no va a tener fronteras.
Ellos serán la “punta de lanza” que va a ir abriéndose paso en el espacio y el tiempo, con la noticia inverosímil de un fracasado, condenado y ejecutado… que ¡está VIVO y nos hace VIVIR para siempre!
Y cada uno de los que hemos recibido esa noticia, y la acogemos en nuestro corazón, experimentándola misteriosamente como la gran certeza sobre la que se asienta nuestra vida, quedamos vinculados a esa muchedumbre inmensa de los llamados “para estar con él” y para anunciar el Reino, con la vida, la Palabra y los gestos.
Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo

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