Del Diario de Santa Faustina, 768
Es una cosa extraña que aunque el alma viviendo esta unión con Dios no sabe darle una forma exacta ni definirla, no obstante, al encontrar otra alma semejante, las dos se entienden mutuamente en estas cosas a pesar de no hablar mucho consigo. El alma unida a Dios de este modo reconoce con facilidad a otra alma semejante, aunque aquella no le revele su interior y sólo hable normalmente con ella. Es una especie del parentesco espiritual. No hay muchas almas unidas a Dios de este modo, menos de lo que pensamos.

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