LOS SIETE DOLORES DE SAN
JOSE
QUINTO DOMINGO
Antífona
(para todos los días):
¡Oh
feliz Varón, bienaventurado José!
A
quién le fue concedido no sólo ver y oír al Hijo de Dios,
a
quién muchos quisieron ver y no vieron, oír y no oyeron,
sino
también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo.
V: Rogad por
nosotros bienaventurado San José.
R: Para que
seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amen.
El dolor: en su afán de
educar y servir al Hijo del Altísimo, especialmente en el viaje a Egipto.
La alegría: al tener
siempre con él a Dios mismo, y viendo la caída de los ídolos de Egipto.
Oh custodio vigilante, familiar íntimo
del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José, ¡cuánto sufristeis teniendo
que alimentar y servir al Hijo del Altísimo, particularmente en vuestra huida a
Egipto!, pero cuán grande fue también vuestra alegría teniendo siempre con Vos
al mismo Dios y viendo derribados los ídolos de Egipto.
Por este dolor y este gozo, alcanzadnos
alejar para siempre de nosotros al tirano infernal, sobre todo huyendo de las
ocasiones peligrosas, y derribar de nuestro corazón todo ídolo de afecto
terreno, para que, ocupados en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para
ellos y muramos gozosos en su amor.
Padrenuestro,
Ave y Gloria


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