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sábado, 14 de marzo de 2026

         EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA.

 Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.

Convento de la Virgen del Camino (León)

"Misericordia quiero y no sacrificios"

14 Marzo 2026


Lectura del santo evangelio según san Lucas 18, 9-14

En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.

El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador”.

Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Palabra de Dios

 

El profeta Oseas nos invita a convertirnos a los caminos de Dios. Pero esta conversión no tiene que ser superficial, no tiene que ser pasajera. El profeta quiere que esta vez vaya en serio. Cuántas veces se habían convertido así los israelitas, escarmentados de lo que les pasaba. Pero luego volvían a las andadas.

Por tanto, no en ritos exteriores, sino en actitudes interiores, esto es: “Misericordia quiero y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”. Entonces Dios les ayudará. “Su amanecer es como la aurora y su sentencia surge como la luz”.

Hagamos nuestras las palabras que el profeta pone en labios de los israelitas: “ea, volvamos al Señor, Él nos curará, Él nos resucitará y viviremos delante de Él”.

"Derriba a los orgullosos y levanta a los humildes"

Ser ensalzado ante Dios, "éste bajó a su casa justificado", significa recibir su gracia y su perdón. La autosuficiencia, "todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido", el creerse “bueno”, impide la conversión.

Así nos lo cuenta la parábola de hoy. Habitualmente, la suficiencia ante Dios, "te doy gracias porque no soy como los demás hombres", nos hace orgullosos en nuestra actitud con los demás.

Nuestra vida entera es don de Dios, así: la luz que nos envuelve, el aire que respiramos, el universo entero. El perdón que necesitamos y nuestra salvación serán también un regalo de Dios. La salvación consistirá en compartir la misma vida de Dios.

Creer todo esto nos trae paz y nos hace más humildes, como al publicano: “¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador”. O sea, nos justifica, como dice Jesús. Por todo ello, una vez más damos gracias a Dios.

 

 

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