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lunes, 1 de junio de 2026

       EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. 

FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA, ofm

 Dueños de la Verdad revelada

01 Junio 2026


Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,1-12)

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos: «Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado; a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos los apalearon o los mataron. Le quedaba uno, su hijo querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían. Pero los labradores se dijeron: "Éste es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia." Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Qué hará el dueño de la viña? Acabará con los labradores y arrendará la viña a otros. ¿No habéis leído aquel texto: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"?»

Intentaron echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la gente, y, dejándolo allí, se marcharon.

Palabra del Señor

 

Con la parábola de hoy, la de la viña y los trabajadores homicidas, Jesús, advierte a todos los que de alguna manera se sienten tentados a usurpar a Dios, a creerse dueño de la verdad revelada y propietarios de la "viña". 

Matarán al Hijo único, pero la viña continuará siendo propiedad de Dios. La sangre del Amado será derramada, pero Dios la convertirá en savia vivificadora. La nueva alianza será sellada con la sangre vertida.  La uva prensada se transformará en el vino de la fiesta a la que serán invitados todos los hombres de buena voluntad: la eucaristía. 

Demos gracias a Dios porque la vida de su Iglesia está enraizada en la fe y en la sangre vertida de tantos mártires, como San Justino, cuya fiesta celebramos  hoy, pues sus vidas iluminan y animan a seguir trabajando para implantar el Reino de Dios. 

¡Paz y Bien!

 

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