MARTIRIO DE SAN JUAN BAUTISTA
29 DE AGOSTO
Esta memoria “se remonta a la dedicación de una
cripta de Sebaste, en Samaria, donde, ya a mediados del siglo IV, se veneraba
su cabeza. Su culto se extendió después a Jerusalén, a las Iglesias de Oriente
y a Roma, con el título de Decapitación de san Juan Bautista”, según explicó
Benedicto XVi en 2013.
Añadió que “en el Martirologio romano se hace
referencia a un segundo hallazgo de la preciosa reliquia, transportada, para la
ocasión, a la iglesia de San Silvestre en Campo Marzio, en Roma. Estas pequeñas
referencias históricas nos ayudan a comprender cuán antigua y profunda es la
veneración de San Juan Bautista”.
El relato de la muerte de San Juan Bautista está en
el Evangelio de San Marcos, capítulo 6, del 17 al 29, en el que narra el
banquete ofrecido por Herodes por su cumpleaños, donde danzó Salomé, hija de
Herodías, la esposa de su hermano con quien tenía una relación adúltera.
Según el relato del evangelio, "Herodes había
mandado poner preso a Juan Bautista, y lo había llevado encadenado a la
prisión, por causa de Herodías, esposa de su hermano Filipos, con la cual
Herodes se había ido a vivir en unión libre. Porque Juan le decía a Herodes:
'No le está permitido irse a vivir con la mujer de su hermano'. Herodías le
tenía un gran odio por esto a Juan Bautista y quería hacerlo matar, pero no
podía porque Herodes le tenía un profundo respeto a Juan y lo consideraba un
hombre santo, y lo protegía y al oírlo hablar se quedaba pensativo y temeroso,
y lo escuchaba con gusto".
El baile le gustó tanto a Herodes que le prometió a
la joven cumplirle cualquier deseo. Por eso ella, a sugerencia de su madre,
pide la cabeza de Juan Bautista, la cual le fue entregada en una bandeja.
San Juan Bautista, mártir de la verdad
El 30 de agosto de 2012, Benedicto XVI dedicó su
catequesis de la Audiencia General a esta memoria. "La Iglesia celebra hoy
la memoria del Martirio de San Juan Bautista, el precursor de Jesús, que
testimonia con su sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios. Su vida nos
enseña que cuando la existencia se fundamenta sobre la oración, sobre una
constante y sólida relación con Dios, se adquiere la valentía de permitir que
Cristo oriente nuestros pensamientos y nuestras acciones", dijo.
Benedicto XVI destacó que "celebrar el martirio
de san Juan Bautista nos recuerda también a nosotros, cristianos de nuestro
tiempo, que no se puede descender a negociar con el amor a Cristo, a su
Palabra, a la Verdad. La Verdad es verdad y no hay componendas".
"La vida cristiana exige, por decirlo de
alguna manera, el 'martirio' de la fidelidad cotidiana al Evangelio, es decir,
el valor de dejar que Cristo crezca en nosotros y sea Él quien oriente nuestro
pensamiento y nuestras acciones. Pero esto sólo puede suceder en nuestra vida
si la relación con Dios es sólida".
"La oración no es tiempo perdido, no es robar
espacio a las actividades, incluso a las apostólicas, sino que es exactamente
lo contrario: sólo si somos capaces de una vida de oración fiel, constante y
confiada, será el mismo Dios quien nos dará la capacidad y la fuerza para vivir
de modo feliz y sereno, para superar las dificultades y testimoniarlo con
valor. Que san Juan Bautista interceda por nosotros, a fin de que sepamos
conservar siempre la primacía de Dios en nuestra vida", agregó.

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