Del Diario de Santa Faustina, 346
Durante la Santa Misa sentí la cercanía de Dios (...). De repente escuché estas palabras: Tú eres una morada agradable para Mí, en ti descansa Mi Espíritu. Después de estas palabras sentí la mirada del Señor dirigida al fondo de mi corazón y viendo mi miseria me humillé en espíritu y admiré la gran misericordia de Dios, y que este Altísimo Señor se acercaba a tal miseria.

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