Reflexión del Evangelio de hoy
Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)
"El mismo Señor de la paz os dé la paz siempre y en todo lugar"
26 de agosto 2026
Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 27-32
En aquel tiempo, Jesús dijo: «Ay de vosotros, ¡escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: “Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, ¡no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas!" Con esto atestiguáis en vuestra contra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas.
¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!».
Palabra de Dios.
Hemos comenzado rogando a Dios que nos inspire el amor a sus preceptos y la esperanza en sus promesas, de modo que, en medio de las dificultades, estemos firmes en la verdadera alegría. Para ello, acogiendo las enseñanzas que él nos ofrece como camino que conduce a la vida en plenitud, se consolide nuestra esperanza y con su gracia resolvamos los problemas.
Centrados en la comunión con el Señor, tomándolo a él como origen y fuente de la paz, nos desea el apóstol que la recibamos de Dios, siempre y en todo lugar. Considerando este deseo, abrirnos en la diversidad de situaciones que nos toque vivir, sin importar el lugar, pues Dios lo llena e invade todo y nada queda al margen de su mirada y de su amor.
Un solemne mandato da el apóstol a los de Tesalónica. En el nombre del Señor Jesucristo, por lo tanto, de parte del Señor. Y cuál es el mandato: “que os apartéis de todo hermano que lleve una vida desordenada…” Escuchando esta enseñanza que San Pablo ofrece, conviene no precipitarse, ni en las condenas y tampoco en las exclusiones. Suelen ser fruto de precipitación de juicio, pero, sobre todo, teniendo presente el mandato del Señor sobre la corrección fraterna.
Pablo, en los primeros versículos de este capítulo proclamado hoy, señala el desorden al que se refiere a renglón seguido. Ciertamente no hay que seguir esos comportamientos, pero el mismo Señor ha colocado a cada bautizado en medio del mundo, como luz que alumbra. Y esa luz es Jesucristo mismo. El testimonio del seguimiento e identificación con Jesucristo, es el camino para ofrecer al que, dice Pablo, lleva una vida desordenada, para colocar ante él una oportunidad de parte de Dios.
"Vivir conforme al Evangelio recibido"
Lo que se nos ha anunciado, el Reino de Dios su justicia, es lo que motiva la conversión y el ponerse en camino de conversión. Para ofrecer un horizonte diferente al que ofrece el mundo, hay que estar bien fundamentados en la roca, que es Cristo, para que, cumpliendo el mandato del Señor, evangelicemos el mundo, porque no se trata de escapar de él, como en un ¡sálvese quien pueda!, dejando a los otros atrás, porque ese no es el ejemplo que nos ha dejado el Señor.
Hay que enseñar esté género de vida. Pablo habla de la tradición que ha transmitido. Ha enseñado con el testimonio de su vida cómo es el seguimiento del Señor. Y esta comunión con él ha de traspasar toda la existencia, cambiándola, no de cualquier modo, sino imitando a Dios como hijos queridos. La Iglesia tiene claro que se condena el pecado no al pecador, porque El siempre nos ha amado primero, siendo injustos y pecadores. Y como León XIV acaba de decir en centro penitenciario Brians 1: “Todo ser humano es “digno” por el mero hecho de “haber sido querido, creado y amado por Dios” (cf. Magnifica humanitas, 52). No existe, pues, ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada. Es una verdad consoladora que nos acompaña en todo momento y que nos recuerda cómo su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho”.
"Dichosos los que temen al Señor"
No se trata de miedo, sino de amor. El que ama procura evitar todo aquello que hiere al otro y en el caso de Dios, teme ofenderle. El amor es que procura evitar todo aquello que menoscaba la comunión en el amor. Es la máxima expresión de la permanencia en Dios. Sintonía de pensamiento y de sentimiento, que van más allá de lo que soñamos nosotros. Dios siempre va y ve más allá.
"¡Ay de vosotros…!"
Estas exclamaciones de Jesús nos deben alertar, pues son una llamada a revisar posiciones y disposiciones. Alerta sobre la apariencia, una tentación tan humana y que zancadillea a los bautizados de manera especial. Por fuera buena apariencia ¿y el interior qué? Nos llama el Señor a revisar las actitudes y ser misericordiosos. La dureza de corazón; la insensibilidad espiritual y social; la indiferencia piadosa… ¿qué abunda en el corazón? Pues de allí se desborda y empapa la existencia y nuestro mundo de relaciones.
Tenemos mucho que considerar en la intimidad de cada uno. Pienso que los discursos y homilías de León XIV en su reciente visita a España nos pueden ayudar a todos en todas las latitudes.
¿Dónde estoy yo? ¿Con quién estoy yo?
Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.

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