Reflexión del Evangelio de hoy
Sor Inmaculada López Miró O.P.
Monasterio de Santa Ana (Murcia)
Habíamos sido testigos
6 Agosto 2026
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
Palabra de Dios.
En pleno tiempo estival, la liturgia nos presenta esta Fiesta de la Transfiguración del Señor, una fiesta que también acompaña el tiempo de cuaresma en el segundo domingo, donde la Transfiguración del Señor alienta la esperanza en el camino hacia la Cruz.
En este día, San Pedro afirma categóricamente “no nos fundábamos en fábulas fantasiosas”. El testimonio de los apóstoles está fundamentado en que “hemos comido y bebido con Él”, lo han visto, lo han palpado, lo han escuchado. Nuestra fe no es una fábula, no es un recuerdo melancólico del pasado, es una historia de salvación que ha acontecido en momentos concretos, con acontecimientos salvíficos, como éste de la Transfiguración del Señor, cuando por un momento fulgurante, dejó ver su gloria. No fue algo que los discípulos merecieran, no fue un logro alcanzado, fue una revelación del ser divino del Señor, que se grabó a fuego en el corazón de Pedro.
¿Qué momentos de transfiguración has tenido en tu camino de fe? ¿Has escuchado la Palabra del Padre en tu vida?
No temáis
Para un judío era impensable ver la gloria de Dios y seguir con vida. Tan grande era la reverencia que tenían a Dios, que incluso en el templo de Jerusalén, el Sancta Santorum estaba cubierto por un velo grueso, y sólo una vez al año, el Sumo Sacerdote podía entrar en el Tabernáculo para adorar a Dios y ofrecer el sacrificio.
Cuando Pedro, Santiago y Juan contemplan la divinidad de Jesucristo, no aciertan a descubrir qué es lo que está pasando, será más tarde, “cuando el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”, cuando comprendan el abismo de generosidad que ha tenido el Padre al manifestar a su Hijo.
De momento, sólo pueden caer de bruces, llenos de espanto, al escuchar la voz del Padre. Sin embargo, Jesucristo, se acerca, les toca y les dice “no temáis”. El velo del templo se ha rasgado de arriba abajo, porque sólo Dios podía hacer una revelación así, porque Él toma siempre la iniciativa, a nosotros nos toca responder con amor al Amor generoso de Dios. Cristo ha traspasado el velo con su muerte y resurrección, y nos ha dado la capacidad de mirar al cielo, y poder contemplar el rostro de Dios, como dice también la lectura: “al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús”.
Como dice San Juan Damasceno comentando este texto: “hoy se manifiesta lo que los ojos de carne no pueden ver: un cuerpo terrestre irradiando esplendor divino, un cuerpo mortal rebosando la gloria de la divinidad. Las cosas humanas pasan a ser las de Dios y las divinas las de los hombres”.
¿Has sentido en tu vida que Jesús te toca para expulsar el temor? ¿Cómo respondes a los gestos de amor que Dios tiene contigo cada día?
También hoy es el día del tránsito al cielo de Santo Domingo de Guzmán, se cumplen 805 años de su transfiguración; es el momento en que, antes de morir, “alzando los ojos al cielo, Domingo dijo: ¡Padre Santo!, Tú sabes que he perseverado con gusto en tu voluntad, y he guardado y conservado a los que me confiaste; también ahora yo los confío a Ti. ¡Consérvalos y guárdalos!”.
Que Santo Domingo nos ayude a alzar la mirada siempre a Jesús y a perseverar en Su Voluntad.
Sor Inmaculada López Miró O.P.

No hay comentarios:
Publicar un comentario