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jueves, 22 de octubre de 2026

EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. 

MM. Dominicas

Monasterio de Santa Ana (Murcia)

“A Él la gloria de la Iglesia y de Cristo Jesús por todas la generaciones”

22 octubre 2026


Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.

Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

Palabra de Dios.

 

 No es la primera vez que Pablo, es sus cartas, hace referencia a doblar las rodillas como señal de reverencia y como actitud orante. En este pasaje nos dice que dobla la rodilla ante Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, para pedir que seamos fortalecidos por su Espíritu y que Cristo habite por la fe en nuestros corazones.

Pablo lo tiene claro, la vida cristiana es un combate continuo, por eso necesitamos la fuerza del Espíritu, necesitamos que Cristo quien habite en nuestro interior. Sólo así, podremos vencer a la tentación. Las tentaciones se nos presentan muchas veces con apariencia de bien y con un porcentaje elevado de verdad, pero lo que buscan es apartarnos del camino que nos lleva a Dios: Bien supremo y Verdad suma.

Pablo también pide para los Efesios, y en ellos nos podemos incluir nosotros, que estén arraigados y fundamentados en el amor para puedan conocer y comprender el amor de Cristo. Dios nos ama, porque su esencia es Amor, pero este amor hay que descubrirlo, hay que experimentarlo de manera personal, de tal manera que nos sintamos plenos sin necesidad de nada más y que solo anhelemos no perder este amor. El amor nos abre a un conocimiento mas profundo de Dios, nos acerca a su Verdad. Porque muchas veces tratamos de encasillar a Dios en nuestros criterios humanos, pero Dios excede todo conocimiento, es una eterna novedad que sólo su amor nos hará comprender y disfrutar.

Llenos de este amor viviremos con nuestra confianza puesta en Dios, que es poderoso para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de los que podamos pedir o pensar. Como nos dirá Pablo al final de la lectura. Sólo Él merece la gloria, la alabanza, el honor y el poder.

Hoy que celebramos la memoria del gran Papa San Juan Pablo II, esta lectura nos trae a la memoria frases suyas que vienen a iluminar la enseñanza de Pablo. “El amor me lo enseñó todo”, “el amor siempre vence”. Pidamos la intercesión de este gigante de la fe para que sólo el amor sea nuestro maestro y nuestra fe en que su amor todo lo puede sea una fe viva.

 “He venido a prender fuego a la tierra: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!”

Este Evangelio es de esos que a primera vista nos deja desconcertados. Las palabras de Jesús nos sorprenden porque expresan algo que parece contradictorio con el mensaje de paz que anunciaron los ángeles en su nacimiento: “Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres…”  y con su saludo después de su Resurrección: “Paz a vosotros…”.

Ahora nos dice que no ha venido a traer paz sino división. Y esto que parece absurdo en cierra una verdad más honda, porque la persona de Jesús, las exigencias de su mensaje, no nos dejan indiferentes, nos obliga a tomar parte o estamos a favor o en contra. Y puede ser que en una misma familia haya de los dos bandos y eso pueda ser punto de desencuentro entre ellos. A simple vista la paz familiar se puede ver alterada, pero la verdadera paz es la que se comenta en la verdad y en el respeto al otro, y a eso es a lo que nos invita Jesús.

Jesús nos habla también de su deseo de que la tierra arda, pero el fuego al que se refiere es el fuego de su amor, no un fuego destructor, sino un fuego que reconstruye a las personas y posibilita la aparición de un mundo nuevo.

Hay una oración para invocar el Espíritu Santo que dice así: “Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu Amor”. Porque el amor es fuego que destruye lo que nos aparta de Dios, que purifica nuestros corazones para que nuestros deseos estén orientados según su Voluntad. Y si los corazones de todos los hombres estuvieran llenos de este fuego de amor, de este amor que es fuego, que diferentes serían las relaciones entre las personas, que distintos los criterios a la hora de tomar las decisiones importantes… poco a poco se iría apareciendo un mundo nuevo, más acorde con el diseño de Dios.

 

 MM. Dominicas

 


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