D. José Vicente Vila Castellar O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Torrente (Valencia)
“De los dos pueblos ha hecho uno”
22 octubre 2026
Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 35-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.
Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos».
Palabra de Dios.
Pablo en el capítulo 2º de la carta a los Efesios, nos hace ver cómo es posible que, cristianos de origen pagano y judíos que han recibido la Buena Noticia, son salvados por la gracia mediante la fe en Jesucristo, y esto como un don de Dios.
En este fragmento nos presenta como tanto judíos como paganos que vivían situaciones, muchas veces irreconciliables, separados por el “muro de la enemistad”, se encuentran unidos gracias a Cristo Jesús, por su entrega incondicional, “los que estaban lejos, ahora están cerca”.
Parece ser que el muro al que se refiere Pablo, existía en realidad, era una balaustrada en la explanada del templo, constituyendo un límite que los paganos no podían superar.
Cristo ha derribado todo aquello que separaba a unos y a otros convirtiéndose, no sólo en un anunciador de la paz, sino en la paz misma, pues todos, sean de la procedencia que sean, han sido reconciliados mediante la cruz, desapareciendo así el odio, permitiendo que todos podamos considerarnos “Hijos de Dios”, y por lo tanto hermanos en la fe.
Pablo nos insiste en que todos estamos llamados a construir el edificio de la Iglesia, cimentada sobre la base de los Apóstoles, y que cada uno aporte los dones con los que ha sido bendecido, levantando una estructura cuya pieza clave la constituye Jesús, como “Príncipe de la paz”.
Todos, sin importar lengua, raza, color, ricos o pobres, todos estamos llamados a conseguir ser partes indispensables del “Cuerpo místico de Cristo”, que es la Iglesia por Él y en Él consolidada.
El salmista también nos dice como Dios anuncia la paz a su pueblo, y así, la gloria habitará en la tierra, y se verá bendecida por la justicia, la fidelidad y la paz, haciendo que la tierra fructifique
“Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas”
En el capítulo XII del evangelio, Lucas nos presenta distintas parábolas de Jesús, sobre distintas situaciones. Este fragmento que hoy nos presenta la liturgia nos insiste en la vigilancia y en estar siempre atentos, pues no se puede ser cristianos comprometidos a tiempo parcial.
Jesús nos invita a ser constantes en nuestro compromiso de vida, enfocándolo siempre a través del prisma del amor, tanto a Dios como a los hermanos.
Nos pone el símil de los sirvientes que esperan con ánimo la vuelta del dueño de la casa, que no lo hace a regañadientes ni de mala gana, y el Señor a su vuelta, agradecido, les recompensará su actitud.
Nuestro espíritu de servicio debe estar disponible a tiempo completo, siempre guiados por la infinita misericordia que Dios nos ha manifestado por la encarnación de su Hijo, constituyendo una presencia viva de amor, que nos debe estimular para que el amor sea nuestro acicate en la relación con los otros, con una predisposición sin límites.
En el relato de hoy nos dice que puede demorarse “hasta la segunda o tercera vigilia”, es decir que hay que estar dispuestos siempre, con un corazón y una mente abierta para entregarnos al servicio del otro en cualquier momento, olvidándonos de condicionantes, horarios y apetencias.
D. José Vicente Vila Castellar O.P.

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