Del Diario de Santa Faustina, 85
Ante el trono de Dios vi a los Poderes celestiales, adorando a Dios sin cesar. Más allá del trono vi un esplendor inaccesible para las criaturas; solo el Verbo Encarnado entra en él, como Mediador. Cuando Jesús penetró en ese esplendor, escuché estas palabras: "Yo soy el Señor en mi esencia y no conozco imposiciones ni necesidades. Si llamo a la vida a las criaturas, es por el abismo de Mi Misericordia.




























