NUEVES DÍAS CON SAN
ANTONIO DE PADUA
DÍA NOVENO
En
el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
DE LOS SERMONES DE SAN ANTONIO
Con
razón, pues, dijo Jesús de sí mismo: Yo rogaré al Padre por vosotros. Por eso
dice san Juan en su carta: Tenemos a uno que abogue ante el Padre: a
Jesucristo, el justo. Él es víctima de propiciación, es decir, de aplacamiento,
por nuestros pecados. Por esta razón lo ofrecemos diariamente en el sacramento
del altar a Dios Padre para que perdone nuestros pecados. Procedemos, pues,
como la madre que tiene un hijo pequeñito. Cuando su marido airado le quiere
golpear a ella, ella, estrechando a la criatura en sus brazos, la pone delante
del airado marido diciendo: ¡Golpea a éste, azota a éste! La criatura llorando
se compadece de la madre, y el padre, cuyas entrañas se han conmovido con las
lágrimas del hijo a quien ama entrañablemente, perdona a su mujer gracias al
hijo. De la misma manera a Dios Padre, airado con nosotros por nuestros
pecados, le ofrecemos su Hijo Jesucristo por la alianza de nuestra
reconciliación en el Sacramento del altar, a fin de que, si no por atención a
nosotros, al menos por Jesús, su Hijo amado, aleje los castigos que justamente
merecemos, y acordándose de sus lágrimas, de sus trabajos y de su Pasión, nos
perdone.
Ea,
pues, Señora nuestra, santa Madre de Dios, única esperanza, te suplicamos que
ilumines con el esplendor de tu gracia nuestras almas, que las purifiques con
el candor de tu pureza, que las enciendas con el calor de tu visita y nos
reconcilies con tu Hijo, para que merezcamos llegar al esplendor de su gloria.
A él sea dada honra y gloria por los siglos de los siglos. Amén.
El
Espíritu Santo, amor del Padre y del Hijo, se digne cubrir con su caridad la
multitud de nuestros pecados. A Él se debe honra y gloria por los siglos de los
siglos. Amén.
Antífona:
Mirad a mi siervo Antonio, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero;
sobre él he puesto mi espíritu. No se desvanecerá su memoria, y su nombre se
repetirá de generación en generación.
ORACIÓN FINAL
Dios
todopoderoso y eterno, tú que has dado a tu pueblo en la persona de san Antonio
de Padua un predicador insigne y un intercesor poderoso, concédenos seguir fielmente
los principios de la vida cristiana, para que merezcamos tenerte como protector
en todas las adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
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