miércoles, 18 de marzo de 2026
CONSAGRACIÓN DE SANTA CLARA DE ASÍS. 1212
En este día todas las hermanas Clarisas del mundo renovamos nuestra consagración religiosa, al igual que santa Clara-
Recen por nosotras
Por esa fecha había vuelto de Roma, con autoridad pontificia para predicar, el joven Maximiliano Guardia, cuya conversión tan hondamente había conmovido a la ciudad entera. Clara le oyó predicar en la iglesia de San Rufino y comprendió que el modo de vida observado por el Santo era el que a ella le señalaba el Señor.
Entre los seguidores de Francisco había dos, Rufino y Silvestre, que eran parientes cercanos de Clara, y estos le facilitaron el camino a sus deseos. Así un día acompañada de una de sus parientes, a quien la tradición atribuye el nombre de Bona Guelfuci, fue a ver a Francisco. Este había oído hablar de ella, por medio de Rufino y Silvestre, y desde que la vio tomó una decisión: «quitar del mundo malvado tan precioso botín para enriquecer con él a su divino Maestro».3 Desde entonces Francisco fue el guía espiritual de Clara.
La noche después del Domingo de Ramos de 1212, Clara huyó de su casa y se encaminó a la Porciúncula; allí la aguardaban los frailes menores con antorchas encendidas. Habiendo entrado en la capilla, se arrodilló ante la imagen del Cristo de san Damián y ratificó su renuncia al mundo «por amor hacia el santísimo y amadísimo Niño envuelto en pañales y recostado sobre el pesebre».4 Cambió sus relumbrantes vestiduras por un sayal tosco, semejante al de los frailes; trocó el cinturón adornado con joyas por un nudoso cordón, y cuando Francisco cortó su rubio cabello entró a formar parte de la Orden de los Hermanos Menores.
Clara prometió obedecer a san Francisco en todo. Luego, fue trasladada al convento de las benedictinas de San Pablo.
Cuando sus familiares descubrieron su huida y paradero fueron a buscarla al convento. Tras la negativa rotunda de Clara a regresar a su casa, se trasladó a la iglesia de San Ángel de Panzo, donde residían unas mujeres piadosas, que llevaban vida de penitentes.
NOVENA A SAN JOSÉ
Varón justo, custodio del Verbo y amparo de la Iglesia
Alberto José González Chaves, Pbro.
DÍA NOVENO
Oración al Padre
Padre eterno, fuente de toda luz y de toda paternidad en el cielo y en la tierra: tu Verbo hecho carne, Jesucristo nuestro Señor, quiso aprender a obedecer y amar en el silencio del hogar de Nazaret, bajo la mirada vigilante y humilde de José, tu siervo fiel.
Tú quisiste confiar a este varón justo las dos maravillas más grandes de tu amor: Jesús, tu Hijo amado, y María, la llena de gracia.
Haz que al contemplar su fe sin ruido, su obediencia pronta, su fortaleza escondida y su corazón limpio y fiel, aprendamos también nosotros a vivir el Evangelio en la sencillez de cada día, a custodiar la gracia recibida y a perseverar en el bien aun cuando la noche parezca larga.
Tu Hijo quiso vivir sujeto a José en la tierra, porque en este santo Patriarca pusiste un misterio de paternidad espiritual para toda tu Iglesia.
Concédenos, pues, que al acercarnos a él con confianza filial aprendamos la fidelidad escondida de Nazaret, la obediencia pronta a tu voluntad y el amor silencioso que sostiene la vida cristiana.
Por Jesucristo, tu Hijo, que quiso vivir sometido a la autoridad terrena del carpintero de Nazaret y amarle con amor filial. Amén.
EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA.
FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA, ofm
Parecernos al Hijo
18 Marzo 2026
Lectura del santo Evangelio según san Juan (5,17-30)
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo». Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: - «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio. para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».
Palabra del Señor
Del Diario de Santa Faustina, 1578
Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto mas confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro de que pidan mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio, si las almas piden poco, estrechan sus corazones.




















